En general, las capacidades cognitivas y las habilidades intelectuales requieren para su desarrollo —entre otros factores colaterales como la afectividad y la psicomotricidad— el manejo del lenguaje simbólico, cuyo pilar más importante es la comunicación verbal en sus vertientes oral y escrita.
La habilidad de escribir se ubica en el vértice superior de estos aprendizajes, porque necesita la evolución de otras habilidades previas, como el desarrollo de la percepción auditiva, que permite la correcta discriminación de sonidos en su unidad mínima y fundamental: el fonema.
Consecutivamente, la adquisición del habla será garantía necesaria para acceder al devenir correcto de la comunicación verbal.
Sobre estos dos fundamentos —en rigor de aprendizaje— podemos proseguir con aprender a leer y, finalmente, a escribir.
La escritura es una habilidad del lenguaje cuya fuerza radica en dar forma, sentido y memoria eterna a las palabras.
Sus posibilidades de múltiple repercusión en el comportamiento humano no declinan; otros verbos perfilan al hombre:
Genera, orienta, modifica, reconcilia, perdona, persuade, disuade, planifica, transforma, influye.
El escritor, para plasmar ideas, ha aprendido primero a leer en su integridad al otro ser humano: tanto en su pañal existencial como en el contexto de su vida, cualquiera que sea su circunstancia, viviendo la vida de su vecino natural en su propia carne; para expresar después, en palabras, el poder oculto del lenguaje.
Así, una vivencia individual se multiplica en colectivo, permaneciendo en la memoria eterna de lo escrito y en el recuerdo de quien lo lee.
A los amigos escritores del universo —poetas, ensayistas, narradores, cronistas— cuyos latidos inundan con sabiduría y belleza el mundo: mi homenaje en aplauso reverente.
En lo personal, escribir me perturba, amansa, vulnera, humaniza; sobre todo, es un recordatorio de la fragilidad de mi ser vivo.
¡FELIZ DIA INTERNACIONAL DEL ESCRITOR!!!
In-tinpas
Lima 13 junio 26